Expertos en RRHH… cuál es su “práctica”? Por Cristina Mejías
Hace poco, mientras disfrutaba de un encuentro deportivo, se me ocurrieron varios paralelos entre los atletas y los profesionales de recursos humanos. Las similitudes tienen que ver con la manera en que encaramos y dominamos la práctica de nuestra profesión.
En un momento dado, la performance de un atleta determina si gana o si pierde. Pero son miles las horas de práctica que conducen a ese evento.
Imagínense si los atletas sólo dedicaran un par de días a aprender y entrenarse en su deporte. El desempeño resultante al llegar a la pista o a la cancha para la competencia seguramente dejaría mucho que desear. Incluso existiría la posibilidad de que se lastimen o lleguen a lastimar a otros.
Los atletas “top” del mundo, ¿cómo alcanzan la cumbre de su rendimiento? Se entrenan, practican, imitan a sus líderes… y siguen practicando. Y este concepto no es sólo privativo de los atletas. Los abogados se pasan horas ensayando juicios de práctica antes de aceptar su primer caso. Los médicos tienen que dedicar años a sus residencias hospitalarias antes de abrir su propio consultorio. Los choferes de camiones dedican muchas horas a ejercitarse en cursos de manejo antes de salir a la ruta. Los kinesiólogos tienen la obligación de practicar una determinada cantidad de horas antes de poder atender pacientes en forma profesional.
Pues bien, los que nos dedicamos a los recursos humanos y a la búsqueda de ejecutivos no somos ni atletas profesionales ni abogados ni médicos ni camioneros ni kinesiólogos. No ganamos campeonatos, no salvamos vidas con instrumental médico ni experimentamos los peligros de operar grandes maquinarias. Pero sí ejercemos un gran impacto en uno de los aspectos más importantes de las vidas de las personas –su empleo– y en el recurso más valioso de toda empresa, la gente que allí trabaja.
Sin embargo, si bien es grande el impacto que ejercemos en los recursos humanos y en las empresas, se observa la falta en gran cantidad de expertos de nuestra profesión: el culto por las horas de práctica. Muchas organizaciones están de acuerdo en que casi toda la experiencia que poseen sus empleados se adquiere durante el desarrollo de su trabajo. Estas mismas organizaciones también reconocen el beneficio de la práctica y admiten que no es algo que, de hecho lleven, a cabo con regularidad.
Yo no estoy en contra de la experiencia adquirida durante el trabajo. De hecho, muchas de las habilidades que enseño hoy en día provienen de experiencia personal que adquirí en esa gran escuela que es la “escuela del trabajo”. Asimismo, no estoy proponiéndoles que interrumpan sus actividades profesionales y envíen a sus empleados a meses de cursos de capacitación.
Lo que estoy sugiriendo es que aprovechen la valiosa capacitación y experiencia desarrolladas en el trabajo que ofrece la actualidad y le agreguen un culto a la práctica, la práctica y la práctica.
Como ayuda, para desarrollar en sus empresas un culto constante por la práctica les propongo aquí los siguientes consejos:
1. Si en su empresa ya existen sesiones de práctica o juego de rol que se llevan a cabo con cierta regularidad, chapeau. ¡Los desafío a encontrar la manera para llevarlos a cabo incluso más a menudo!
2. Aquellos de ustedes que fruncen el ceño ante la expresión “juego de rol”, elijan otra manera de llamarlo pero traten de ponerlo en práctica. Si lo que les molesta es que esto se lleve a cabo frente a un grupo, junte a dos compañeros que practiquen cara a cara en forma privada. Acá el tema es incorporar la práctica a la agenda a través de un formato que les resulte cómodo.
3. Las sesiones de práctica no forman parte de la cultura de muchas empresas porque no son parte de la rutina. Es una buena idea que a menudo se olvida. Al programar un horario semanal para esta actividad, tal vez en pocas semanas se vuelva popular. Por ejemplo, en una de las empresas con las que trabajé, el viernes todos traían una vianda. Se juntaban para una especie de picnic y se turnaban para plantear distintas hipótesis a través de juegos de rol durante 60–90 minutos. Una vez sumado ese tiempo, la realidad es que al menos habían juntado de 50 a 75 horas de práctica sólida al año.
4. Los patinadores artísticos ensayan y perfeccionan nuevas figuras para sus rutinas durante las sesiones de práctica. Una vez que alcanzan cierto nivel de confianza, agregan esos elementos a su performance. En nuestra actividad, las sesiones de práctica nos pueden brindar el mismo beneficio. Al ensayar distintas técnicas e inclusive exponernos a algunos riesgos durante el juego de rol, muchas veces nos desprendemos de los viejos hábitos y adoptamos conductas nuevas y más productivas.
Si están listos para crear un culto y una cultura de la práctica, les recomiendo que se pongan en movimiento ya mismo. Sus “momentos de planificación” serán claves a la hora de destacarse por sobre todos los demás expertos de RRHH.



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